Rocamadour en bejar.biz

https://bejar.biz/node/2895

Leyendo este magnífico artículo conocerás las raíces del cómic underground español. Fue escrito en 2007 por el documentalista de la Historieta, Rocamadour y publicado en la revista digital bejar.biz

Del underground bejarano

t1t11-A MODO DE INTRODUCCIÓN

El eminente profesor Mijail Kapuchinski suele decir, citando a cierto filósofo chino, que “ todo trabajo inútil conduce a la melancolía”. Siguiendo ésta máxima y como además a estas alturas de la vida no vamos a volver a inventar la rueda, ésta introducción es un extracto de los excelentes artículos “ Underground a la Española. Caída y muerte de El Víbora “ publicados en Tebeosfera por Antonio Martín, maestro entre maestros en el mundillo del cómic.

“La corriente estética y expresiva que —por consenso y comodidad— hemos dado en agrupar bajo la denominación de cómic underground español nace en Barcelona en septiembre de 1973 con la publicación del tebeo El Rrollo Enmascarado.

El resultado, si bien era sólo discreto en términos estéticos y expresivos, supuso la más eficaz tarjeta de presentación del underground español, más aún cuando El Rrollo Enmascarado fue secuestrado casi inmediatamente por el Ministerio de Información y Turismo bajo la acusación de que suponía, «un claro ataque a la moral sexual».

La publicación de este tebeo, su secuestro y el posterior fallo absolutorio en junio de 1974, por parte de la Audiencia Provincial de Barcelona, supusieron el pistoletazo de salida del cómic underground español y su inmediato florecer…

Y ello antes de que apareciesen revistas más o menos contraculturales y míticas como Ozono, Ajoblanco, Disco Express o Star, antes de que Makoki comenzase a menear sus cables por las noches barcelonesas, antes de las míticas noches de Magic y, desde luego, mucho antes de que se iniciase y alcanzase su esplendor la movida madrileña de los años ochenta.
……. el estilo, personal y gráfico, de aquellos dibujantes, su actitud de libertad despreocupada, hasta su atuendo y si se quiere su careto y sus comportamientos tenían un peculiar tufillo antisistema… mezcla de hippie y pasotismo ácrata. Los primeros tiempos del cómic underground español fueron duros. Fueron los años en que las gentes del rollo underground español vendían ellos mismos sus cómics en la calle, en las Ramblas, en el Rastro, a pelo… y para ganarse la vida dibujaban, imprimían y vendían pegatinas, parches, postales o trapicheaban en chocolate, con suerte les encargaban una ilustración o un anuncio… y trabajaban en lo que les salía con tal de poder seguir viviendo a su aire y contando sus cosas. Fueron tiempos de experimentación, de tanteos en busca de un estilo, probando todas las suertes del dibujo mientras afianzaban su lenguaje expresivo y hacían una historieta tras otra. Lo difícil era publicar. Lo difícil era ganarse la vida publicando.

Así, probando una y otra vez, sin casi continuidad, los dibujantes underground españoles pasaron el período inicial publicando a salto de mata en Pauperrimus Comix, Catalina, Diploma de Honor, De Quommic, A la calle, Sidecar, Purita, Carajillo Vacilón, Nasti de Plasti, y otros números únicos. Hasta que comenzaron a editarse revistas como Star y Rock Comix, hasta que los nuevos dibujantes se convirtieron en noticia y el cómic underground se convirtió en manos de periodistas y enterados en «comix» y en moda. A partir de ese momento las cosas mejoraron, había donde publicar, aunque no todos y no siempre, se cobraba por publicar, aunque mal y no siempre, sin que en definitiva ello significase aún que aquellos dibujantes pudieran profesionalizarse.

En estas circunstancias la aparición de la revista Star, editada por Juanjo Fernández, supuso un balón de oxígeno y no sólo para los underground y los alternativos, también para todos los dibujantes que comenzaban, incluso para los que aún estaban verdes o eran realmente muy malos, pues sus páginas estaban abiertas a todo el mundo que aceptase publicar bajo la condición de cobrar poco y mal. Pero fue en aquel híbrido que siempre fue Star donde los dibujantes alternativos españoles comenzaron a creer que era posible alcanzar cierta normalidad profesional. El conjunto formaba una intrépida —aunque desorientada— publicación que en realidad parecía un auténtico cajón de sastre, con contenidos más explosivos por su ruptura con lo estéticamente correcto que por su auténtica profundidad crítica. Lo cual no quita para que semejante revista chirriara agudamente en el panorama español de los últimos meses de vida, poco más de un año, del general Franco.

Así estaban las cosas en los primeros tiempos del cómic underground español. Los dibujantes seguían siendo gente marginal, que contaba historias marginales y vivía a contracorriente, gente que trabajaba a salto de mata, siempre al día. Así estaban las cosas cuando José María Berenguer comenzó a editar la revista El Víbora.

No es desdeñable tener en cuenta el hecho de que El Víbora comience a publicarse en 1979, cuando ya se ha promulgado la Constitución Española (diciembre de 1978) por lo que la Ley de Prensa de 1968, también llamada “ley Fraga”, deja de tener vigencia y con ella la censura previa. Ello supuso un decisivo ensanchamiento de los espacios de libertad, que evidentemente repercutía, al menos en teoría, en la posibilidad de escribir, dibujar y publicar todo sobre casi todos los temas.

La revista se prepara a lo largo de varios meses, en los que Berenguer contacta y es contactado por la crema de los autores underground españoles, busca cómics norteamericanos y holandeses, se trabaja en la maqueta, se hacen pruebas y acumulan materiales, se realizan bocetos de cubierta y al fin El Víbora acaba saliendo a los quioscos en diciembre de 1979, siendo presentada en sociedad al mes siguiente.
Dejando de lado lo anecdótico, la aparición de la revista de El Víbora demostró nuevamente —tras casi medio siglo de minusvalía e infantilización— que la historieta es un medio de comunicación tan válido como la literatura, el periodismo o el cine. Y significó por fin la normalidad editorial al hacer posible definitivamente retomar el cómic como un medio dirigido a un público lector sin etiquetas. También El Víbora hizo algo igualmente importante al canalizar el trabajo de tantos dibujantes como alojó en sus páginas, dibujantes que por fin pudieron profesionalizarse y encontrar en España un soporte válido para sus historietas.

Sumado todo ello, El Víbora venía a coronar el ejercicio editorial de sus predecesoras llevándolo un poco más lejos al constituirse como la revista “oficial” española del cómic underground, desde una empresa creada expresamente para publicar este género con la voluntad de permanecer en el mercado, lejos de la edición diletante y a veces oportunista que otros habían practicado antes comercializando la “moda” de lo underground. Ahora por fin había una editorial que editaría, con total normalidad las historietas de los autores españoles y de muchos de los autores clave del underground internacional, con un punto de acracia y una manifiesta posición antisistema, pero siempre desde la pretensión de lograr una publicación cuidada, regular, establecida y comercial, que todo ello quería ser y pronto fue El Víbora”.

A esta introducción sólo hay que añadir que pronto por todas las ciudades y pueblos de España, y también en Béjar, aparecieron publicaciones “underground” que habitualmente no duraban mas allá de unos pocos números.

2- ¿ Y EN BÉJAR QUÉ ?

Dos muestras.

A principio de los ochenta, circulaba por Béjar un tipo bajito (pero enorme) que derrochaba entusiasmo por todos y cada uno de sus poros. Mientras algunos intentaban explicarse con eso de la vida, él se la comía literalmente, cosa que le producía de vez en cuando alguna que otra indigestión. Pues bien, el tipo bajito (pero enorme) perpetró uno de los cómics más artesanos de que se tiene noticia :
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Contenidos demoledores sin ningún tipo de concesión ética ni estética, máquina de escribir, folios, sin precio (conocido), sin registro, etc, etc……un cañonazo.

Un poco más tarde reincidió :
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Como se habrán imaginado el contenido era igual de blandito. Así hasta 12 números (creo). Pero además como al parecer no tenía bastante con la revista, hacía “números monográficos” como el del impagable Jack Zanahoria :
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todos los tranquis

Un poco mas tarde, en 1984, aparece Goteras editada por el “Colectivo de Dibujantes de Béjar” :
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El aspecto es algo más “profesional”, el tono de las historietas mas “domesticado” (con buen gusto como se afirma en la presentación), el papel es aceptable, hay anuncios (dibujados) de colaboradores (bares y papelerías) locales e incluso se edita con pie de imprenta :
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Algunas de las historietas están ambientadas en Béjar, por lo que se pueden reconocer calles y rincones de la ciudad, como en la titulada Plaza Mayor de Antonio Varas, en la que un joven que parece leer está sentado en las escaleras de la iglesia de la Plaza Mayor :
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En la titulada El Viaje, de Chuchi podemos ver en varias viñetas el patio del Palacio Ducal y la Calle Mayor a la altura del Bar Español.
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Por cierto ahora hay pc´s y existe Internet (los ochenta eran la prehistoria, ya se sabe), y el tipo bajito (pero enorme) tiene una página que les recomiendo encarecidamente :

http://www.tranquicomix.com/

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